Por: Marisuip

El teatro independiente en Bogotá tiene una representación cada vez mayor; con el paso de los días se fortalece, dando pasos agigantados en asuntos como la fidelización de audiencias. Uno de sus representantes más destacados es el Teatro R101, fundado en 1995 en la Universidad de los Andes, es una grupo que se caracteriza por su continuo proceso investigativo acerca del oficio teatral. El pasado 11 de febrero conmemoraron quince años de existencia, por lo que invitamos a Hernando Parra, director artístico, para que nos contara un poco más del oficio y sobre estos años de vida teatral.

Echando Lápiz: ¿Por qué decidió dedicar su vida al teatro?

Hernando Parra: Por varias razones. Desde que tengo memoria estoy montado en un escenario, desde el jardín infantil. Mi madre conserva una serie de fotos bastante comprometedoras (Risas). Además, creo que influyó muchísimo mi padre: su amor a la lectura, su pensamiento humanista y su discurso libertario. En la mesa del comedor nunca se trataron temas de dinero, a veces ni siquiera teníamos que comer; pero siempre se hablaba de literatura, de música, de política y, obviamente, de teatro. A veces he pensado que mi vocación, y la defensa que hago de ella, se debe a la frustración que llevan a cuestas algunos familiares: músicos que no llegaron a realizarse por falta de oportunidades, fotógrafos que quebraron en el intento, lectores consumados que tuvieron que abandonarlo todo por la violencia. Vengo de unos abuelos campesinos desplazados por el 48, soy producto de un proyecto de país que se vio anulado después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Cuando fui consciente de todo esto y supe que el teatro era mi camino, pude verme en contexto, pude revisar mi historia y de esta manera integrar en un mismo universo (el teatro) mis pequeños amores: la admiración por el cuerpo humano, el trabajo en grupo, la literatura, la música popular, la psicología, los deseos de decirle algo a alguien y, definitivamente, las ganas de aportar sustancialmente a la transformación de nuestra realidad.

EL: ¿Cuál es el tipo de obra que le gusta dirigir y por qué?

HP: No tengo ningún tipo de prelación o preferencia por algún tipo de obra, autor o género, realmente mi compromiso es otro; mi compromiso es que cualquiera que sea la obra que yo monte debe tener unas condiciones mínimas; por un lado debe comunicar experiencias, por otro debe retratar nuestra idiosincrasia, nuestro imaginario; debe ser entretenida, debe entregar contenidos profundos, que puedan en algún momento mostrarle a la gente otra posibilidad u otra forma de ver y de mirar el mundo. Más allá de, como ya lo dije, género o autor, creo profundamente en que cualquier texto teatral debe tener esas condiciones.

EL: ¿Cómo define el estilo de sus producciones?

HP: Obras que pueden llegar a tener tres niveles de lectura. Por un lado, un primer nivel para todo aquel que quiera simplemente entretenerse; un segundo nivel, que gracias al primero, puede trasmitir ideas o contenidos profundos y un tercer nivel, que ojalá se dé, que es cuando la gente sale de la sala y la obra le queda retumbando en la cabeza y, de alguna manera, puede cambiar algún comportamiento o la manera de ver su propia vida. Creo que estos tres elementos siempre los he tenido en cuenta a la hora de montar un texto o a la hora de hablar del estilo del Teatro R101. No soy de los que defina un estilo, creo que lo que sí tratamos de mantener es ser humildes, mostrar un trabajo en grupo, ser consecuentes con nuestros principios fundacionales y, ante todo, nunca subestimar al público, siempre creer que quien está en la penumbra sabe muy bien que le estamos diciendo verdades o que le estamos mintiendo.

EL: ¿Qué cree usted que hace a un buen director?

HP: La humildad, el silencio, mucho estudio, tolerancia a la frustración y disciplina.

EL: El Teatro R101 está cumpliendo 15 años de trayectoria, ¿Cómo lo van celebrar?

HP: En primer lugar, para este año tenemos preparados dos espectáculos. En el primer semestre estrenamos la obra Jappy Hauer, del dramaturgo inglés John Goldberg; es una obra que narra la historia de cuatro meseras en una noche de rumba en un bar en Bogotá. En el segundo semestre vamos a estrenar la obra Extras, de la dramaturga escocesa Marie Jones, la cual narra la historia de dos desempleados que se cuelan a una grabación de televisión y pues, obviamente, quieren llegar a ser estrellas de la pantalla chica. Como ven, ante todo, es un gran homenaje al subempleo y al desempleo, es un gran canto al rebusque y, porque no decirlo, un gran canto a esa posibilidad que tenemos todos los colombianos de ensoñar un mejor futuro. Por otro lado se van a realizar una serie de actividades académicas, que ya tenemos programadas, ya tuvimos el primer encuentro de gestores jóvenes en el mes de febrero; vamos a tener un encuentro de directores jóvenes en el mes de octubre, además tendremos durante todo el año conversatorios y conferencias alrededor del teatro joven bogotano y el teatro joven colombiano. Finalmente vamos a estar acompañados por una exposición permanente de la fotógrafa Camille Mazoyer, la cual muestra los quince años del Teatro R101 en imágenes.

EL: ¿Cuál ha sido el secreto para fidelizar al público durante estos 15 años?

HP: Creo que son varias cosas, por un lado el trabajo constante, la perseverancia, el nunca subestimar a nuestro público, el siempre preguntarnos no solo por lo que queremos nosotros, las personas del grupo, sino cuáles son las necesidades de entretenimiento de la gente de a pie; por otro lado la humildad, el nunca pretender sobresalir más allá de lo que digan nuestras obras, el nunca posar, ni disminuir, ni excluir a los otros, porque sabemos más o porque sabemos menos. Yo finalmente resumiría todo en un trabajo abnegado de grupo, en tratar de construir el sueño que es hacer teatro en Colombia. Si me preguntan si ya está hecho, nunca diría que ya está hecho; lo mejor es que hablemos en quince años de cómo vamos y dentro de quince que hablemos en otros quince. Finalmente lo único que queremos es aportar a una joven tradición teatral colombiana, que hasta ahora está naciendo y que creo que necesita de nuestro esfuerzo. En una frase podría resumirlo, ‘creo que es más importante mirar lo que ha hecho el teatro en mí y no mirarme yo en el teatro’ como bien lo dice Stanislavski; es decir no me interesa sobresalir, prefiero preguntarme si el teatro me ha hecho mejor ser humano. EL: ¿Cuál considera que ha sido el mejor montaje del grupo del R 101?

HP: El próximo

EL: ¿Qué le espera al Teatro R 101 en los próximos 5 años?

HP: Más allá de consolidar y de cumplir las metas administrativas, técnicas, de logística, de infraestructura, legales, de normatividad, de aportar de manera continua y sistemática a la consolidación de una tradición, creo que lo que nos espera es cumplir y ser consecuentes con nuestros principios fundacionales, creo que eso es lo que debemos hacer, más allá de conseguir cualquier meta. El día en el que renunciemos a nuestros principios dejamos de existir.

EL: ¿Qué ha sido lo más satisfactorio y lo más doloroso en estos quince años?

HP: Lo más satisfactorio creo que ha sido el hecho de tener un público fiel, el tener un teatro de cámara para 75 personas, el haber dado los primeros pasos para descubrir un lenguaje, un proyecto estético; el hecho de abrir nuestras puertas a muchos grupos que están sin sede, trabajar de manera continua en los consejos locales y distritales de arte dramático. En cuanto a lo más doloroso, creería yo, que es la salida de miembros que considerábamos imprescindibles, pero bien lo diría Gabo: ‘arduo y doloroso es el camino para convertirnos en hombres’ y creo que la salida de muchos ha marcado derroteros y nos ha mostrado, sencillamente, que toda gran empresa o toda gran revolución tiene sacrificios y lastimosamente todos hemos tenido que hacerlos.

EL: Si no hubiese sido director de teatro, ¿Qué otra profesión hubiese escogido?

HP: Cantante de salsa.

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